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“No hay caminos para la paz; la paz es el camino.”
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“No hay caminos para la paz; la paz es el camino.”
“Todo aquel que lee, deja en un cajón de sus recuerdos una anécdota más para su existir.”
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La alegría apagada de los años turbulentos
pesada es para mí; mas como el vino,
mientras pasan los años me da más embriaguez.
Mi camino es sombrío. Labores y dolor
me promete el agitado mar del porvenir.
Pero, amigos, aún no quiero morir.
Quiero vivir, para pensar, para sufrir.
Y sé que entre penas, ansiedades y congojas
me aguardan placeres todavía:
a veces gozaré las armonías;
a veces lloraré ante una visión,
y quizás en la tristeza de mi ocaso,
el amor lucirá su sonrisa de adiós.
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Llegan un hindú, un judío y un argentino a un hotel de un pueblito y piden un cuarto para tres.
“Sólo me queda un cuarto, que es para dos, pero si no les incomoda, tengo espacio en el establo para uno se duerma ahí”.
Los tres individuos deciden tomar el cuarto y en eso dice el hindú: “Si quieren, yo me voy a dormir al establo y ustedes duermen en el cuarto”.
A los cinco minutos tocan a la puerta del cuarto:
“¿Quién es?”
“Soy el hindú, lo que pasa es que en el establo hay una vaca, y como es un animal sagrado para nosotros, no puedo dormir donde duerme una vaca”.
En eso, el judío dice: “No se preocupen, si quieren, yo me duermo en el establo”.
A los cinco minutos tocan a la puerta del cuarto: “¿Quién es?”
“Soy el judío, lo que pasa es que en el establo hay un cerdo, y es un animal desagradable para nosotros, no puedo dormir donde duerme un cerdo”.
En eso, el argentino dice: “No se preocupen, yo me ire a dormir al establo”.
A los cinco minutos tocan a la puerta: “¿Quién es?”
“Somos la vaca y el cerdo”.
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QUIERO que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.