A veces amar es una pesada cruz,
pero tú eres tan simplemente bella…
El secreto de tu gracia es igual
a la clave del enigma de la vida.
En primavera se oye el susurro de los sueños
y el suave rumor de realidades y falsías.
Tú eres de la misma especie.
Tú eres indiferente como el aire.
Es fácil recobrar la vista al despertarse,
sacudir del corazón la basura de las palabras
y vivir sin atascarse de nuevo:
no se requiere una gran astucia.
Mar adentro,
mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.
El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
‘más adentro’, ‘más adentro’
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
Todo lo que quiere mi memoria conservar
se pierde en los años fatídicos y crueles,
pero vuela mi historia rutilante
por los cielos nocturnos como un rayo.
Quemada está mi vida, relatada toda;
tan sólo sueño con mi primer amor,
atado en cruz con una cinta roja
como si fuera un cofre de sin igual valor.
Y cuando en el silencio de mi cuarto
bajo la lámpara me consumo de dolor
en el incienso de mis sueños se trasluce
el fantasma azul de mi adorada muerta.