Poema de la despedida - José Ángel Buesa

Te digo adiós si acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte… Pero te digo adiós
No se si me quisiste… No se si te quería
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste y apasionado y loco
Me lo sembré en el alma para quererte a tí.
No se si te amé mucho… No se si te amé poco,
Pero si sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que no te olvidaré.
Pero al quedarme solo… Sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.
Pero te digo adiós para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en tí.

Poema del fracaso - José Ángel Buesa

Mi corazón, un día, tuvo un ansia suprema,
que aún hoy lo embriaga cual lo embriagara ayer;
Quería aprisionar un alma en un poema,
y que viviera siempre… Pero no pudo ser.

Mi corazón, un día, silenció su latido,
y en plena lozanía se sintió envejecer;
Quiso amar un recuerdo más fuerte que el olvido
y morir recordando… Pero no pudo ser.

Mi corazón, un día, soñó un sueño sonoro,
en un fugaz anhelo de gloria y de poder;
Subió la escalinata de un palacio de oro
y quiso abrir las puertas… Pero no pudo ser.

Mi corazón, un día, se convirtió en hoguera,
por vivir plenamente la fiebre del placer;
Ansiaba el goce nuevo de una emoción cualquiera,
un goce para el solo… Pero no pudo ser.

Y hoy llegas tu a mi vida, con tu sonrisa clara,
con tu sonrisa clara, que es un amanecer;
y ante el sueño más dulce que nunca antes soñara,
quiero vivir mi sueño… Pero no puede ser.

Y he de decirte adiós para siempre, querida,
sabiendo que te alejas para nunca volver,
Quisiera retenerte para toda la vida…
Pero no puede ser! Pero no puede ser!

Oda a la alegría - Pablo Neruda

ALEGRÍA
hoja verde
caída en la ventana,
minúscula
claridad
recién nacida,
elefante sonoro,
deslumbrante
moneda,
a veces
ráfaga quebradiza,
pero
más bien
pan permanente,
esperanza cumplida,
deber desarrollado.
Te desdeñé, alegría.
Fui mal aconsejado.
La luna
me llevó por sus caminos.

Los antiguos poetas
me prestaron anteojos
y junto a cada cosa
un nimbo oscuro
puse,
sobre la flor una corona negra,
sobre la boca amada
un triste beso.
Aún es temprano.
Déjame arrepentirme.
Pensé que solamente
si quemaba
mi corazón
la zarza del tormento,
si mojaba la lluvia
mi vestido
en la comarca cárdena del luto,
si cerraba
los ojos a la rosa
y tocaba la herida,
si compartía todos los dolores,
yo ayudaba a los hombres.
No fui justo.
Equivoqué mis pasos
y hoy te llamo, alegría.

Como la tierra
eres
necesaria.

Como el fuego
sustentas
los hogares.

Como el pan
eres pura.

Como el agua de un río
eres sonora.

Como una abeja
repartes miel volando.
Alegría,
fui un joven taciturno,
hallé tu cabellera
escandalosa.

No era verdad, lo supe
cuando en mi pecho
desató su cascada.

Hoy, alegría,
encontrada en la calle,
lejos de todo libro,
acompáñame:

contigo
quiero ir de casa en casa,
quiero ir de pueblo en pueblo,
de bandera en bandera.
No eres para mí solo.

A las islas iremos,
a los mares.
A las minas iremos,
a los bosques.
No sólo leñadores solitarios,
pobres lavanderas
o erizados, augustos
picapedreros,
me van a recibir con tus racimos,
sino los congregados,
los reunidos,
los sindicatos de mar o madera,
los valientes muchachos
en su lucha.

Contigo por el mundo!
Con mi canto!
Con el vuelo entreabierto
de la estrella,
y con el regocijo
de la espuma!
Voy a cumplir con todos
porque debo
a todos mi alegría.

No se sorprenda nadie porque quiero
entregar a los hombres
los dones de la tierra,
porque aprendí luchando
que es mi deber terrestre
propagar la alegría.
Y cumplo mi destino con mi canto.

Charles Dickens

“¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!”

El mejor regalo de navidad

Tres hermanos que vivían lejos de su pueblo natal y se habían vuelto ricos discutían para ver quien había hecho el mejor regalo de navidad a su anciana madre.”

El primero dijo, “Yo le construí una mansión.” El segundo dijo, “Yo le envié un Mercedes con todo y chofer.” El terceró sonrió y dijo, “Yo les gané a los dos. ¿Recuerdan cómo le gustaba a mamá leer la Biblia? Y cómo ustedes saben ella ya casi no puede ver. Así que yo le conseguí un loro que recita la Biblia entera.

Les tomó 12 años a los monjes de un convento para enseñarle. Es un loro único. Mamá sólo tiene que decirle el capítulo y el verso y el loro se lo recita.”

Poco después, la anciana señora envió cartas de agradecimiento a los tres:
“José, la casa que me construiste es tan grande que yo sólo ocupo un cuarto y tengo que limpiar todo el día.”

“Pedro, estoy muy vieja para viajar, así que rara vez uso el Mercedes. Y el chofer es un haragán…”
“Querido Manolo, tú si que sabes lo que le gusta a tu madre… La gallina estaba deliciosa.”

Anónimo

La mujer Salió de la Costilla del hombre.
No de los pies para ser pisoteada.
No de la cabeza para ser superior.
Sino del lado para ser igual.
Debajo del brazo para ser protegida.
Y al lado del corazón para ser Amada…

Aventuras de ratones

Tres ratones se encuentran y empiezan a contarse sus aventuras:

“Yo, cuando me aburro, busco un cepo, me meto debajo, cojo el queso y me lo como sin despeinarme.”

El segundo dice:

“Eso no es nada, yo cuando tengo hambre cojo una bolsa de matarratas y me la como mientras me bebo una cerveza y veo una película… y no me pasa nada!”

El otro dice:

“Tenéis razón, sois muy arriesgados. Siento no poder quedarme más pero es que tengo que ir a casa a follarme al gato.”

Mahatma Gandhi

“Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.”

Elegía Lamentable - José Ángel Buesa

Desde este mismo instante seremos dos extraños
por estos pocos días, quien sabe cuantos años…
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.

Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tu bajaras los ojos y apretaras el paso,
y yo, discretamente, me cambiare de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera…

Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasaran los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casaras con el.

Y ya, mas que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.

Acaso, cuando llueva, recordaras un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca mas te pongas aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.

O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa,
de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa.

¿Qué mas puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
tras fregar los platos y tender las camas,
te pasaras las noches sacando crucigramas…

y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aun no existen sollozaran tu nombre,
y cerraran tus ojos los hijos de otro hombre .

Los arqueros

En cierta ocasión se hizo un concurso entre los mejores arqueros del mundo. Ya llegada la final sólo quedaban tres competidores: uno de Suiza, otro de Inglaterra y por último, sepa cómo le hizo, pero estaba un mexicano.

Como en la última prueba los tres finalistas estaban empatados, los jueces decidieron aumentar el grado de dificultad y ahora se trataba de poner alguna fruta en la cabeza de un niño que estaría a 50 m de distancia y luego disparar con el arco y acertar en ella.

Primero va el inglés y éste coge una sandía y se la pone al niño en la cabeza; prepara su arco. Se siembra un silencio total en todo el estadio. Dispara y acierta partiendo en dos la fruta. Se lleva una gran ovación del público. Terminado su turno, coge el micrófono y presumiendo a todo mundo se presenta:

“I’m Robin Hood”.

Toca turno al suizo, pero éste en vez de una sandía coge una manzana y la coloca en la cabeza del niño. Entonces, un silencio enorme se apodera del estadio. La gente está sorprendida, ya que la manzana es muy pequeña.

El arquero cogió su arco, apuntó y con un disparo certero le da justo en el centro partiéndola en cuatro partes. El estadio explota con una gran ovación. Y también, una vez terminado su turno, agarró el micrófono y presumió a todo mundo:

“I’m Guillermo Tell”.

Por último, el más fregón de todos: el grandioso y majestuoso mexicano. Quien arrasó con todos sus contrincantes en las otras fases y es recibido con una estruendosa ovación cuanto toca su turno. De su bolsa, el competidor saca un objeto y lo pone en la cabeza del niño. Intrigados, los espectadores se preguntaban qué era esa bolita roja que se veía a lo lejos.

Gracias a las pantallas gigantes que había en el estadio, pudieron ver que se trataba de una minúscula cereza que apenas se podía ver en la cabeza del niño. Para hacer más difícil la prueba, coloca al niño a 100 m de distancia. Esta vez se siente un silencio sepulcral en el estadio. Ni un respiro se oía. Nada. Como si estuviera solo, el mexicano coge su arco, apunta, dispara la flecha que se va viajando a más de 100 Km/h… ¡Zas!

 La flecha se clava justamente en medio de la frente, atravesándole la cabeza al niño. El mexicano coge el micrófono y dice:

“I’m Sorry”.

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